Decisiones en tiempo real, lectura del cliente y trabajo en equipo: así se construye
hoy una experiencia detrás de la barra. Cada 15 de abril se celebra el Día del
Bartender, una fecha que pone en primer plano un oficio que combina técnica,
sensibilidad y criterio.
Cada cóctel condensa una serie de decisiones que el cliente no siempre llega a ver: desde
la preparación previa hasta la lectura del servicio en tiempo real, el trabajo del bartender se
mueve entre la precisión técnica y la capacidad de interpretar lo que pasa del otro lado de la
barra.
Se trata de un trabajo casi quirúrgico, que ocurre en tiempo real y bajo presión, y en el que
cada decisión impacta directamente en la experiencia del cliente. El próximo miércoles 15
de abril se celebra el Día Nacional del Bartender, una fecha que pone en primer plano un
oficio que combina técnica, sensibilidad y oficio.
Antes del servicio: método, desarrollo y puesta a punto
Gran parte de la tarea del profesional coctelero sucede antes de que el cliente tome asiento.
“Detrás de una carta hay desarrollo, estudio, tiempo e inversión para entender sabores y
técnicas”, explica Kiara “Kiki” Beltrán, quien se encarga de Zona de Producción, el bar que
funciona en el subsuelo de Gordo Chanta (Juan Ramírez de Velasco 1200, Villa Crespo).
En la misma línea, Sofía Abbruzzese −más conocida como Soffo−, al frente de la barra de
Harrison (Malabia 1764, Palermo), señala: “Hay mucho trabajo invisible: mise en place,
control de stock, estandarización de recetas, limpieza constante. El cliente ve el cóctel
terminado, pero no todo lo que pasa para que ese momento sea fluido”.
Leer el servicio: lo que hace la diferencia
Más allá de la técnica, el foco está puesto en la capacidad de adaptación. “Podés ser muy
técnico, pero si no sabés hacer sentir cómodo al que tenés enfrente, te falta lo más
importante”, sostiene May, bartender de Uptown (Arévalo 2030, Palermo.)
En esa misma línea, Inés De Los Santos, líder de bares como el francovietnamita
CoChinChina (Armenia 1540, Palermo) pone el foco en la experiencia integral: “No se trata
solo del trago, sino de cómo se construye cada momento dentro del bar”.
Al respecto, Soffo Abbruzzese agrega: “Un buen bartender no es el que hace el mejor
cóctel, sino el que lee el contexto: el bar, el equipo, el cliente y el momento.”
Lo que no se enseña: ritmo, presión y creatividad
Hay aprendizajes que solo se adquieren en servicio. “Manejar clientes, sostener la
hospitalidad y el ritmo del despacho se aprende trabajando”, explica Kiki Beltrán.
“Leer la energía del equipo y del cliente, y manejar la presión sin perder calidad, tampoco se
enseña tan fácilmente”, suma Abbruzzese.
El sistema: orden, comunicación y equipo
El funcionamiento de una barra depende de una serie de decisiones constantes. “La
comunicación es la base de todo: saber qué priorizar y cómo moverse en equipo”, señala
May. “Reponer antes de que falte, limpiar antes de que moleste. Son micro decisiones
constantes”, agrega Abbruzzese.
Por su parte, la creatividad también dice presente. Al respecto, De Los Santos opina:
“Siempre me inspiraron la creatividad, la conexión y la experiencia completa que vive el
cliente.” Y agrega: “La idea es que cada visita sea un recorrido, casi como un viaje”.
Un oficio que cambió: más técnica, más exigencia
En los últimos años, el rol del bartender se transformó. “Se profesionalizó muchísimo: hay
más técnica, más estudio y menos prejuicio al usar nuevos insumos”, explica Kiki.
En paralelo, la escena local empezó a dialogar con el mundo. De Los Santos, al frente de
proyectos en Buenos Aires y el exterior, resume ese movimiento como una apertura: llevar
un estilo propio a otros contextos y nutrirse de nuevas culturas.
Al mismo tiempo, el nivel de exigencia creció: “Hoy el cliente sabe más, viaja más y
compara más. Ya no alcanza con hacer tragos, se busca una experiencia”, señala
Abbruzzese.
El equilibrio: técnica, creatividad y hospitalidad
El trabajo detrás de la barra implica tensiones permanentes. “Si te enfocás solo en la
técnica, perdés la calidez. Si te vas sólo a la creatividad, podés perder consistencia”,
plantea Abbruzzese.
Para May, el desafío está en encontrar el balance: “Podés hacer algo muy técnico, pero si
no conecta con el cliente, no sirve”.
En su día, estas bartenders coinciden en una idea que atraviesa todas sus experiencias: el
oficio ya no depende de ejecutar un producto, sino de interpretarlo. Tomando decisiones en
tiempo real, se sostiene el servicio, articulando técnica, equipo y hospitalidad para construir
una experiencia que va mucho más allá del trago.
