Runfla: un restaurante para quedarse, donde la buena cocina se vive sin solemnidad

Con una propuesta que combina técnica, creatividad y referencias de distintas culturas, Runfla es una de las aperturas más interesantes del año. Su cocina sorprende sin rigidez, el vino y la coctelería acompañan la conversación y la sobremesa es un final inevitable.

A pocos meses de su apertura, Runfla se convirtió en una de las propuestas que renovaron la escena gastronómica de Cañitas. Nacido con la intención de acercar una mirada más contemporánea a un barrio históricamente identificado con parrillas, bares y restaurantes tradicionales, el proyecto encontró rápidamente una identidad propia: un restaurante donde la cocina tiene ambición gastronómica, pero la experiencia nunca se siente solemne. Un lugar al que se llega por elección y al que muchos deciden volver.

El proyecto nació con el objetivo de crear un restaurante al que siempre den ganas de volver. Lejos de los formatos rígidos o de representar una tradición culinaria específica, Runfla construye una identidad propia a partir de una cocina libre, ecléctica y en constante movimiento, en la que platos familiares conviven con combinaciones inesperadas y dan lugar a una propuesta dinámica en la que cada preparación encuentra un equilibrio entre lo conocido y lo novedoso.

Desde el principio, la idea fue construir un restaurante capaz de adaptarse a distintas ocasiones. Quien busca un aperitivo con una copa de vino o un cóctel encuentra su lugar entre las 19.30 y las 21, mientras que quienes prefieren una cena completa descubren una carta que fue creciendo de manera natural junto con el restaurante. También existe una propuesta especial de mediodía, todos los domingos, cuya carta incorpora una serie de platos con huevo en modo brunch, además de una selección de platos del menú habitual y recetas exclusivas del día, como el sunday roast o la fideuá. Lo que comenzó con una propuesta centrada en platitos evolucionó hacia un menú con tentempiés, platos medianos y platos grandes, pensado para compartirse o disfrutarse de manera individual, siempre con la misma libertad.

Al frente de la cocina está Hernán Simesen, cuya propuesta combina técnica, curiosidad y una mirada abierta sobre la gastronomía contemporánea. Su cocina parte de platos reconocibles para transformarlos a través de nuevos sabores, productos y referencias culturales, sin perder de vista lo más importante: que cada preparación resulte rica antes que llamativa. Esa búsqueda constante atraviesa toda la identidad de Runfla y le da coherencia a una carta donde conviven influencias diversas sin necesidad de responder a una tradición específica.

Entre los platos que mejor representan ese espíritu se encuentran los dátiles rellenos de paté de mollejas con shiso crocante, garrapiñada y wasabi; los langostinos adobados con arroz de coco y crema de manteca marrón; el panisse de garbanzos fritos con cheddar inglés, inspirado en la fainá; los hongos braseados con demi-glace vegetal y puré de coliflor; la humita con curry verde y la musaka frita, preparaciones que reflejan el gusto de la casa por combinar referencias de distintas cocinas desde una identidad propia.

La propuesta se completa con una carta de vinos de perfiles frescos y una selección de cócteles de autor pensada para acompañar la comida desde el aperitivo hasta el cierre de la noche. El Penicilina Tropical, el Vermú Runfla y el Runfla Spritz son algunas de las propuestas de la barra, reinterpretaciones de clásicos concebidas con la misma filosofía que atraviesa la cocina: tomar algo conocido y darle un carácter propio.

El nombre del restaurante resume la esencia del proyecto. En el lunfardo argentino, una runfla es un grupo de personas reunidas alrededor de un mismo objetivo. En este caso, compartir una mesa. Esa idea también dio forma al espacio, diseñado junto con la arquitecta María Emilia de la Torre. La iluminación tenue, la estética semiindustrial combinada con materiales cálidos, una barra protagonista y una cuidada selección musical crean un ambiente relajado en el que conviven parejas, grupos de amigos y mesas largas que se extienden naturalmente hacia la sobremesa.

Runfla busca convertirse en un lugar al que vale la pena ir. Un espacio en el que la cocina se toma muy en serio, pero nunca se vuelve solemne; donde las referencias se mezclan con naturalidad y cada visita invita a quedarse un rato más.

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